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martes, 13 de diciembre de 2011

MI JOSÉ


   Aunque nací en Jaén, mis primeros años de vida
transcurrieron en Castilla la Mancha, concretamente en 
Albacete; contaba con tan solo un mes de vida, cuando por 
motivos de trabajo mis padres se trasladaron a aquella tierra.

Nuestra estancia en aquellos lares duró cinco años, tiempo 
suficiente para que yo guarde un gran cariño por Albacete.
Los primeros recuerdos que tengo de mi existencia son de aquel 
tiempo vivido, pero también hubo un hecho acaecido, el cual nunca 
podré borrar de mi mente.

      En Albacete conocí por primera vez ese sentimiento de
cariño y amor. Un buen día apareció José; al principio llegó
para estar conmigo solo en momentos puntuales y en escasas
ocasiones, pero con el paso de los días y los meses, nuestra relación
se fue estrechando. Pasó a formar parte de mí, ya no me conformaba
con tenerlo exporadicamente, necesitaba sentirlo cerca a cada
momento.... se convirtió en 'mi José'.
Mi José era tierno, me hacia sentir a gusto, protegida, me daba todo 
lo que necesitaba, me arrullaba y me mimaba. Siempre estaba ahí, en
los malos y en los buenos momentos; era parte de su vida y él
de la mía.
Fui creciendo,pero a él no le importó, siempre permaneció a mi lado 
tan fiel y noble aun suponiendo que aquello algún día tendría que
acabar. Y así fue......

    Un día, el cual aún recuerdo como si fuese ayer, mi padre me miró
muy fijamente  y con semblante serio me dijo : '' Esta relación vuestra
entre José y tu  tiene que terminar,  esto ha llegado ya muy lejos, se
ha convertido para ti en una obsesión..... has crecido y por lo tanto lo
tienes que dejar marchar''.
En aquel momento, aquellas palabras resonaron en mi cabeza haciendo 
que mi corazón se rompiese en mil pedazos, no lograba entender porqué mi
padre me decía aquello... nuestro amor era puro y limpio, no le hacíamos
mal a nadie, al fin y al cabo yo tan solo era una niña, que más daba que 
José permaneciese a mi lado.
Rompí a llorar desconsoladamente abrazándome a mi José. La actitud
de mi padre, tal vez dejado llevar por la ira y la rabia,  fue cogerlo y 
arrebatarle su vida delante de mí;  no me dio tiempo a despedirle, ni un simple
adiós... Esa imagen treinta años después la llevo clavada en mi retina.
La tarde que José murió se llevó consigo  una parte de mí.
Le lloré días, incluso meses, le lloraba en soledad, en mi cama, en silencio para
que mi padre no me escuchara. En ocasiones mi madre solía consolarme
y me decía que aquello que había sucedido era normal, algún día tenía
que pasar y que con el tiempo lo olvidaría.

Pasó el tiempo y con el tiempo los años. Me hice mayor hasta hacerme mujer,
y me juré a mí misma, que si algún día tenía hijos.... jamás le arrebataría
su chupete.


Ana Martos - Noviembre 2011.

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