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martes, 13 de diciembre de 2011

TERROR EN HALLOWEN


      Era las nueve y cuarto de la noche de un treinta y uno
de octubre.... Noche de los difuntos o más conocida entre
los jóvenes como ‘la noche de Halloween’.
Era una noche especial, de brujas y creencias, donde las almas
de los muertos y sus espíritus salen del purgatorio y vagan por las
calles en busca de cuerpos vivientes para lograr la vida eterna.

        Esta noche era fría, de viento y agua.
María, una adolescente de quince años se encontraba en el salón
de su casa. Malhumorada  y desesperada miraba constantemente
el reloj de pared. Llevaba puesto un disfraz de bruja y hacía más de
media hora que había quedado con unos amigos o colegas como ella
los llamaba. Entre todos habían organizado una fiesta en una vieja y
desabitada casa, propiedad de los padres de uno de sus amigos y
que anteriormente perteneció a la abuela, ya fallecida la mujer.
Según ellos la casa era idónea, vieja y misteriosa…. el lugar
apropiado  para esa noche.
Pero a causa del mal tiempo que hacía, María debía esperar a
su padre que llegara a casa para poder llevarla a esa fiesta; he de ahí
su enfado y desesperación al ver que los minutos pasaban  y
este no llegaba.


        Era las ocho y cincuenta y cinco de la noche. En la vieja
casa se encontraban ya reunidos los ocho amigos. Entre risas y
bromas preparaban la noche de ‘halloween’. Habían comprado
comida y bebidas….. adornaban la estancia con las típicas calabazas,
velas y demás objetos propios de aquella noche.
Javier, miraba por tercera vez las agujas de su reloj. María no había
llegado, era la única que faltaba por unirse al grupo, en ese momento
sintió que golpeaban la puerta de entrada bruscamente y se precipitó
a abrir. Sabía que no hacía noche de estar esperando en la calle.


         Con una hora de retraso según la hora acordada por el grupo
de amigos, María por fin sintió el claxon del coche de su padre,
salió corriendo de casa sujetándose el sombrero del disfraz  para
que el viento no se lo llevara .
Se montó en el coche precipitadamente y la única conversación que
mantuvieron padre e hija fue acordar la hora de regreso.
-Sobre la una paso a recogerte -le dijo, mientras María se bajaba
ya del coche apresurada en la puerta de su destino.

    Levantó la mano con el puño cerrado para golpear la puerta,
 en ese momento apreció que se encontraba abierta, dio
dos pasos acelerados hacía el interior y entró en la sala.
Decenas de velas alumbraban aquel salón, María sintió un escalofrío
que le recorrió todo el cuerpo, la sangre se le heló. Se quedo paralizada,
inmóvil observaba aquella escena tan espeluznante, empezó a sentir
temblor en sus piernas, no era capaz de sostenerse en pie. Presa del pánico
y del terror fue dando tumbos hasta parar en las escaleras. Una vez allí
se dejó caer en el primer peldaño y desde ahí observó la matanza que
había frente a ella.. Los cuerpos de sus ocho amigos bañados en sangre
yacían en el suelo decapitados y con los ojos desencajados en señal de
súplica. Había salpicaduras de sangre por todas las paredes, en los pocos
muebles que componían aquella estancia e incluso en los bocadillos,
bebidas y demás comida que habían preparado.
No podía seguir mirando aquella escena. Casi semiinconsciente y sin saber
porqué, empezó a subir  a rastras aquellas empinadas escaleras vomitando
en cada peldaño. Llegado al último escalón, el resplandor de las velas que
provenían de la sala, le hizo ver que frente a ella, a un metro de distancia,
se encontraba un pequeño baño.
Intentó incorporarse siendo inútil, todo le daba vueltas, se dejó caer de nuevo
al suelo y se arrastró hasta aquella habitación; se deslizó hasta el lavabo,
como pudo se puso de pie, abrió el grifo y empezó ha echarse agua en la cara.
La luz de una vela  se iba intensificando justo detrás de ella. Levantó la
mirada del lavabo y a través del espejo vio una figura rigurosamente vestida
de negro con una capa y una capucha que le cubría el rostro. Observó que
en una mano llevaba una vela y en la otra una guadaña. María no tuvo tiempo
ni de emitir un pequeño chillido……su cabeza ya rodaba por el frío
suelo del baño.



Ana Martos - 0ctubre 2011.

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