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miércoles, 16 de mayo de 2012

LAGRIMAS DE UNA VIDA


   Los rasgos de dolor dieron paso a sollozos y lágrimas de felicidad; su tez
pálida se iluminó devolviéndole el color y el brillo a su cara. Todo había acabado,
ahora sostenía entre sus brazos a dos hermosas niñas... sus niñas. Dos bellas
gemelas que le habían concedido la dicha de ser madre .
El padre de las criaturas, angustiado, esperaba en una fría y lúgubre sala
de espera. Paseaba nervioso en los escasos metros de aquella habitación, de vez en
cuando, se asomaba y miraba por la ventana; a través de los cristales contemplaba como
diluviaba aquella mañana del mes de febrero. Dejaba su mirada perderse ante la cortina de 
agua que caía frente a él, mientras, su mente, se encontraba absorta en la sala de partos.
El Chirrido de una puerta lo devolvió a la realidad, exaltado se giró y vio en el umbral,
a un médico que le sonreía a la vez que pronunciaba su nombre. Este, se limitó a darle la
buena nueva y a decirle que todo había salido bien, la madre y las dos niñas se encontraban en 
perfecto estado. Una sonrisa le dibujó el rostro a la vez que su semblante pasaba de la 
inquietud, a la tranquilidad y a la estupefacción; había oído bien, era padre de dos pequeñas
y hermosas niñas... dos.

   Marta, mientras se miraba al espejo, contemplaba su imagen pensativa. Aquella pregunta
que tanto le abrumaba últimamente, volvió a su mente... - ¿ Y si había otra imagen reflejada 
en otro espejo con sus mismos rasgos ? tal vez hasta idénticos... 
Su cara ahora se vio eclipsada, un haz de nostalgia y recuerdos se hicieron eco. Ella era madre,
y comprendía con dolor lo que su madre debió de sufrir a lo largo de su vida. Una madre que 
tuvo que afrontar el duro golpe de la muerte de una hija. Una hija que había nacido una
mañana de diluvio en un mes de febrero, sana y hermosa, y que veinticuatro horas después 
fallecía sin causa alguna. Una esposa que tuvo que enfrentar la repentina muerte de su marido,
quedando viuda a apenas diez años de su matrimonio. Un calvario, un camino de calamidades 
el que tuvo que andar su madre, esa fue su vida; aun así, fue una mujer tenaz, emblemática,
ejemplo de honor y saber estar.
Poco se sabía de aquel día del mes de febrero, en el que un supuesto médico dio por confirmado
el fallecimiento de uno de los bebes. Su madre, pocas veces había comentado aquel hecho, 
era un tema, un dolor, que prefería llevarlo consigo, en sus adentros; lo que si dejó siempre
entrever, fue la duda de aquella muerte. Tal vez siempre arrastró aquel recelo llevándoselo 
a la tumba.
Ahora a Marta, la duda también le corroía en sus adentros, mientras más pensaba en aquel
suceso, más se convencía que tal vez aquello fue una falsa. A diario, saltaban noticias en la
prensa y en los medios de comunicación sobre supuestos casos de niños robados. - ¿ Y si
el fallecimiento de mi hermana fuese un caso de estos?... Marta se hacía esta pregunta a diario.
Todo apuntaba a ello, la forma de proceder en el hospital, los pocos datos que tenía sobre la
muerte; en un principio el bebe había nacido sano, a las veinticuatro horas supuestamente falleció,
pero nunca vieron su cuerpecito, tan solo una monja les dio la noticia y les negó el derecho de 
poder verlo alegando que era desagradable. Les informaron que el hospital se haría cargo de todo
y que el cuerpo sería depositado en el cementerio municipal. Nada más, ni un documento, ni un acta
de fallecimiento, nada, tan solo las palabras de una monja.
Su madre siempre barajo la duda, pero tal vez la ignorancia de aquellos tiempos y los pocos medios
con los que se disponía, hicieron que callase y siguiera su vida adelante, al margen de una
realidad.
Marta, frente al espejo se hacía miles de preguntas, todo eran incógnitas... - ¿ Y si mi hermana
vive ? ¿ que vida habrá llevado? ¿ que le habrán contado sobre su madre, tal vez le hayan dicho
que fue abandonada ? ... todo aquellas dudas le atormentaban, el solo hecho de pensar que su
gemela podía tener una mala imagen del ser que le había dado la vida, le causaba un profundo
dolor. El vivir separadas por un engaño ya había sido una traición, una burla del destino.
Bajo el cúmulo de sentimientos que experimentaba en aquel momento, bajo la idea de poder
reencontrarse con su hermana, Marta, aquel día tomó la decisión de que había llegado el
momento de remover el pasado, de perseguir y buscar la verdad.

María, mientras se miraba al espejo, contemplaba su imagen pensativa. Los últimos días vividos
habían sido un tormento para ella. Miles de preguntas se cernían en su mente; se encontraba
confundida, desconcertada; hacía apenas unas semanas que había descubierto que era adoptada.
Su madre, en su lecho de muerte así se lo había confesado.
Ahora, bajo aquel desconcierto que sentía, lo único que tenía claro, María, es, que debía de buscar
y encontrar sus orígenes, sus raíces, su verdad.

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