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lunes, 28 de agosto de 2017

... EL DÍA QUE HALLÉ.

... Y un día hallé su imagen.

Me acerqué sigilosamente mientras el corazón
manifestaba grandes signos de júbilo. Observé
desde la clandestinidad aquel rostro.

Por un momento contemplé el vacío y la
inexpresividad que tenía ante mí; fue el
despertar de un sueño, el romper con un
letargo hasta hogaño imposible de destruir.

Quise huir de ese vendaval de recuerdos
que me desgarraba la razón, del huracán
que azotaba mi alma.

... Permanecí inmóvil, desafiando al destino.

Observé nuevamente su imagen; cerré las
puertas del tiempo, liberé la tensión del deseo
y el anhelo... Y eché a andar.


Ana Martos - Agosto 2017.

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