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sábado, 17 de marzo de 2012

ATRAPADA POR EL RECUERDO


.... Y mi rostro enmudeció.
  Se encontraba allí, frente a mí... y seguía siendo igual de hermosa. El paso
del tiempo, de los años, no habían sucumbido su belleza. Su tez blanca seguía
impoluta como el último día, sus cabellos dorados descansando sobre sus hombros
brillaban como el último rayo de sol, el azul de sus ojos... aquellos ojos seguían
siendo el océano que invitaba a perderse en su mirada.
   Había ansiado tanto el volverla a ver, el poder tenerla aunque fuese tan solo
un minuto, treinta segundos!!... se fue sin más, ni un triste adiós. Durante estos tres
agonizantes años, he maldecido, y he rogado el poder recuperarla por un instante y poder decirle
todo aquello que me fue arrebatado aquel maldito día, todo lo que mi corazón guarda y 
que tanto me atormenta.
Desde que partió, mi vida ha sido un pozo sin fondo donde almaceno toda mi rabia y culpa,
donde mi llanto y mi pena es mi aliada, donde la luz brilla por su ausencia y donde la tristeza
y el quebranto son mi dicha.

....Y ahora... ahora que llegó ese día y la tengo frente a mí, mi voz ha enmudecido.
Me mira y sonríe... tiende su mano hasta hallar la mía, la abro y mis dedos quedan
entrelazados con los suyos, hay veces que no hace falta pronunciar palabra, este momento
es uno de esos, nuestras miradas hablan por sí solas.
Mi mirada se derrite en llanto, noto como dos lágrimas recorren mis mejillas, se acerca a mí,
seca una de mis lágrimas con la yema de su dedo, se acerca aún más, sus labios se posan en
los míos, el contacto me hace recordar el sabor de sus besos..... la amo más que a mi vida!!

Me dejo llevar por un dulce susurro, la piel se me eriza al oír de nuevo su voz, esa voz que tanto
anhelé... cierro los ojos, los vuelvo a abrir... miro y no está, su alma ha huido, ha huido igual 
que aquella maldita noche que fue arrancada de mis brazos, aquel nefasto treinta y uno
de octubre que la muerte no se apiadó de mí.

Se, que no lo he soñado, todavía puedo percibir su olor, todavía puedo sentir el calor
de sus labios y el tacto de su piel.
Me siento bien, a gusto conmigo mismo, una llama de paz recorre mi alma. 
Sus palabras recorren mi ser...'' no vivas de recuerdos, me arrastras a
una muerte interminable.... vive y déjame morir''.


Ana Martos - Febrero 2012.

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