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jueves, 26 de julio de 2012

UNA CANCIÓN PARA DOS.


    Hoy sonó en la radio aquella canción... sí, esa que escuchábamos los dos. La canción
que nos hacía compartir nuestros sueños e ilusiones, la que poníamos en el cassette y 
rebobinábamos una y otra vez porque creíamos que estaba hecha exclusivamente para
nosotros; nuestra canción la llamábamos, la canción talismán.
Llevaba tanto tiempo sin oírla que ni siquiera recordaba que existía, tal vez lo de hoy haya
sido una premonición, una intuición o corazonada, no sé como llamarlo o lo que habrá sido,  
pero llevaba muchísimo tiempo que ni siquiera conectaba la radio, ya no me seduce, la música
ya no me dice nada... aunque tal vez no sea la música, si no la vida en sí la que ya no me
cautiva.
Pero hoy la volví a conectar sin más, y apenas segundos después comenzaron a sonar esos
acordes haciendo que sintiese un escalofrío y recordara lo que un día fuimos el uno para el
otro o lo que un día fuiste para mí. Han sido tan solo cuatro minutos, cuatro intensos minutos
que me han hecho sentir lo que un día viví, tornarme al pasado y mecerme en la melodía del
regazo de los sueños. Añoro aquel tiempo, lejos quedan los días en que rebobinábamos
aquella canción.
He sido yo, la que sin saber porqué y sin motivos, me he ido alejando poco a poco de tu lado,
rehusando de tus besos, de tus caricias, de tus abrazos... Y tú, sobreponiendo el amor ante
mi desdén, entregándote en cuerpo y alma sin recibir nada a cambio, mostrando fidelidad a tu
vehemencia, acaricias un alma con aire indiferente intentando salvar la pasión y el deseo. Los 
años no han conseguido en ti, sofocar la llama y la magia del amor... y en mí, se desata la ira
y la culpa de saber que mereces mucho más de lo que te he entregado. Cuanto dolor debes
acallar, cuantos suspiros ahogados.
A veces vago bajo la impresión de ir caminando hacia el fin de algo... ni siquiera sé a dónde me
dirijo, si ese algo existe, pero cada día veo mas cerca el final de un precipicio.

Hoy he escuchado esa vieja canción... aquella que escuchábamos los dos. Con ella he podido
retroceder en el tiempo, sentir y palpar lo que había olvidado con los años. Han sido tan solo
cuatro minutos, los suficientes para devolverle a mi alma los recuerdos y hacerme saber, lo 
mucho que aún siento.
Tanto sufrimiento sin razón, tantas noches en llanto, lágrimas sin sentido que lo único hacían, 
era tejer un velo de tristeza en mi rostro.
Unos viejos acordes, me han devuelto la existencia, el poder reencontrarme conmigo misma
y liberarme del tormento. Hoy quiero correr hacia a ti, y refugiarme en tus brazos, sentir la
huella de aquellos años.

Como explicar que una canción te puede decir tanto e incluso llegar a mostrar el camino que 
creíste desvanecido....


Ana Martos - Julio 2012.

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