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viernes, 3 de agosto de 2012

EN BLANCO.


   Al fin hallo ese momento de relax, la parte que dedico exclusivamente para mí y mis
pensamientos, ideas, conceptos, proyectos... en definitiva, el trance de mis letras.
Para acompañar y crear un ambiente sosegado y plácido, nada como una humeante taza
de café para embriagar mis ideas. Con ella en la mano, me dirijo a mi escritorio y del primer
cajón tomo mi cuadernillo de ''composición'', así le llamo al bloc de notas, una libreta de 
anillas garabateada, con frases sueltas, historias inacabadas, tachones y también, como
no, algún que otro verso y relato perfectamente acabados; y es que yo soy de la vieja
escuela, prefiero, y me encanta escribir en papel, sentir el tacto de la pluma entre mis dedos,
el olor a tinta, el poder ir desvirgando la inmaculada, impoluta y blanca cuartilla con el trazo
de mis letras. Y para ello algo muy especial, una estilográfica Parker de tinta verde, regalo de
alguien muy querido y que en su día me dijo que con ella crearía y firmaría grandes narrativas...
apoyo y confianza que le dan a uno; pero eso sí, como talismán por llamarlo de alguna forma,
no hay relato, historia o poema que no lo escriba con ella.

Hay una historia que lleva días rondándome la cabeza, una de esas un poco lúgrube, pero 
que a mí tanto me gustan y que comenzó como todas suelen comenzar, con una frase
que irrumpe en mi mente...  y hoy, va ser el día en que cobre vida y la deje plasmada en la
inmaculada cuartilla.
Desenrosco el capuchón de mi Parker con suma delicadeza, antes de comenzar a escribir, tomo
un pequeño sorbo del aún humeante café... y comienzo. La primera frase, y en ella observo 
como el verde va perdiendo intensidad hasta perderse en la nada, solamente se aprecia el
surco de mis letras. Maldigo que mi pluma se haya quedado sin tinta, rebusco en el último cajón
del escritorio y cojo la cajita donde guardo los cartuchos, pero es el colmo de la mala suerte, 
no me queda ni un solo cartucho de tinta verde.
La historia la tengo forjada en mi mente, no puedo dejar de escribirla por una estúpida estilográfica
que lo único que hace es dejarme a medias. Así que, ahora entre mis dedos, reposa un bic.
Segunda frase, y ahora mi mente sufre un shock, por alguna inexplicable razón, se ha nublado
hasta quedarse por completo en blanco. No me lo puedo creer, las palabras se han esfumado
como por arte de magia. Intento hallar la palabra que me de pie para seguir la historia, pero  no
soy capaz de encontrarla y mucho menos hilvanar una frase. Mientras contemplo la hoja en blanco,
tomo entre mis manos la taza de café; busco y rebusco en mi mente la palabra adecuada, pero
no hay forma, mi razón se ha vuelto inerte, hasta la historia que tenía creada, se ha desmoronado
por completo, tanto, que parece que nunca existió.
La rabia y los nervios comienzan a apoderarse de mí, miro el bic y lo lanzo contra el suelo intentando
buscar un culpable y apoquinando toda mi frustración sobre él. Mis letras me han abandonado
dejándome perdida en el vacío de mi mente. Desespero, no puedo con la impotencia esta de querer
y no poder. 
Intento serenarme un poco, para ello, salgo al balcón y aspiro aire fresco; me enciendo un cigarrillo
a la vez que me propongo reconstruir la historia. Una frase cobra vida en mi cabeza, arrojo la colilla y 
corro desesperada a anotarla en mi cuadernillo.
Dos frases más y vuelvo a estancarme, vuelvo a perderme en las tinieblas del olvido. Mis manos
frías y sin vida, desgarran la virginal hoja en blanco, observo el bic, examino mi estilográfica Parker
... recojo todo y lo guardo en el cajón; saldré a comprar cartuchos de tinta verde.



Ana Martos - Agosto 2012.

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