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martes, 6 de noviembre de 2012

AL FINAL DE LA CALLE.


 La noche había silenciado las calles, el viento barría las hojas de otoño
que caían de los árboles, nubes negras se adueñaban del cielo ocultando 
la luna bajo su manto. 
Me ajusté el cuello de mi larga chaqueta negra para abrigarse del frío, cubriendo
así, la nuca y el cuello; metí mis manos en sus cálidos bolsillos, y eché a andar
por la desértica calle. Era una noche oscura y vacía, caminaba intentando mitigar el
viento que me golpeaba de frente, y tan solo un pensamiento en mi cabeza,
llegar a casa, y poder al fin, relajarme. 

Avanzado un buen trecho y llegado al final de la calle, observé a mi derecha, los
muros del cementerio; a diario, pasaba por delante de sus puertas, pero aquella noche,
el camposanto, me propició un escalofrío recorriendo toda mi espalda. Tenía que haber
seguido sin mirar, pero no pude resistir el observar las copas de los cipreses que se
alzaban ante mí mientras bailaban y silbaban al son del viento. Sentí algo de pavor ante
aquello, y aceleré de nuevo el paso intentando dejar atrás cuanto antes aquella imagen...
pero en ese preciso momento escuché que alguien me llamaba por mi nombre. Volteé
y miré a ambos lados de la calle, pero no pode ver a nadie, ni una triste alma, ni un triste
viandante. Me giré de nuevo culpando al viento por lo que había oído... un terror
súbito, me dejó entonces petrificado, el contorno de una figura, asomaba detrás del muro
del cementerio. Aquella silueta, lentamente, se fue elevando entre dos cipreses hasta
quedar completamente suspendida en el aire. Sus rasgos, apenas eran perceptibles,
casi se podría decir que carecía de rostro, pero aún así, sentía como me clavaba su mirada.
El pánico se apoderó de mí, quise correr y no pude; me quedé paralizado mirando a aquel
espectro que de una forma sobrenatural flotaba ante mí. Sabía que aquello no era humano;
giró su cuello por completo, trescientos sesenta grados de rotación a la vez que emitía un
fuerte chillido.... y desapareció ante mis ojos.
Fue entonces cuando reaccioné y huí despavorido de aquel lugar.

En las noches, aquellos chirridos, aún resuenan en mi mente....



Ana Martos - Noviembre 2012.

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