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jueves, 6 de diciembre de 2012

NO ES AZAR, SI NO DESTINO...


Cuantas noches sin dormir, cuanto dolor por tu ausencia....

     Aún recuerdo aquel día de un mes de abril, donde el azar jugó con nuestro destino presentándonos
por casualidad. Era una mañana limpia y soleada, presagiando algo bello. Te encontrabas en el arcén, 
tu aire sombrío y ausente, llamó mi atención, me quedé observándote desde la distancia, tu mirada
perdida en algún punto preciso, me transmitió curiosidad por saber por dónde vagaría tu mente en
aquel momento. La línea ocho te devolvió a la realidad y con indiferencia subiste al bus, al mismo que
yo. Mis ojos te buscaron entre la multitud, pero no hallaron tu rostro, desfalleciendo así, en el intento.
Aquella imagen tuya, se fue disipando a lo largo de la mañana y cuando te creí evaporado, volviste a
aparecer, ¿ fue algo fortuito? no lo sé, pero de nuevo tu aire sombrío, se cruzaba en mi camino.
Andabas perdido entre los estantes y te ofrecí mi ayuda; la acogiste con agrado, y en medio de una
tímida sonrisa, me preguntaste por un libro y autor concreto.
Te vi alejarte de la librería con el libro bajo el brazo.
Esto tan solo había sido el principio de algo casual, por alguna razón, aquel día nuestros destinos 
hostigaron nuestros pasos.
Tu rostro grabado en mi mente me persiguió las horas posteriores. Y en la tarde, fui yo la que ahora
acudía a ti; debía de recoger unos billetes de avión, un encargo familiar, al cual yo me presté y
comprometí en cumplir… tantas agencias en la ciudad, y precisamente eras tú el que me entregaba
esos billetes. Me quedé perpleja cuando entré en la agencia y te vi sentado tras la mesa llena de
papeles, folletos publicitarios y catálogos de ofertas en viajes.
En ese momento supe que la casualidad no existe, y que el encontrarte por tercera vez en un mismo 
día era motivo de algo más. Me acerqué hasta ti, levantaste la vista del montículo de folletos y tus  
ojos se clavaron en mí interrogativos. Me preguntaste si no nos habíamos visto antes, y te sonreí 
un tanto ruborizada. Charlamos durante unos minutos, por mi parte, intentando exprimir el poco 
tiempo que tenía antes de volver al trabajo.
Salí de allí con la sensación de haber encontrado una parte de mí, de algo que creía inexistente hasta 
el momento, el amor había tocado mi coraza, tus ojos ataviados bajo un velo de tristeza, habían 
penetrado mi alma.
… Y hubo una vez más, en la línea ocho, cuando el día roza el fin de sus horas y nosotros regresamos
a nuestra guarida. Allí estabas tú, al igual que en la mañana, con ese aire ausente y la mirada perdida
en algún punto preciso; solo un detalle, bajo el brazo llevabas el libro que compraste en la mañana.
Dos extraños que se encuentran cuatro veces a lo largo de un mismo día, no es azar, si no destino…

Y ahora, mis sábanas  lloran tu ausencia, mi alma quedó perdida en el limbo. Desapareciste al igual que
apareciste, en la nada. Ni un triste adiós, ni una simple nota, ni una llamada; solo aquel libro de un 
autor concreto.  
Fuimos dos almas que se hallan y a la vez desaparecen sin una causa. Ya solo queda el recuerdo
de lo vivido, de esas noches de pasión, de lujuria, de arrebato, de cuerpos entrelazados dando origen
a uno mismo.
Quisiera odiarte pero no puedo, mi corazón calla a la tortura de mi alma, mis ojos sangran las lágrimas
del calvario, y aún así, te sigo amando.

Cuantas noches sin dormir, cuanto dolor por tu ausencia….



Ana Martos – Noviembre 2012.

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